Romper la hora

          Aquí os pongo un reportaje muy interesante que encontré escrito por Ramón en su blog Yo hago música, sobre la Semana Santa y la tradición musical de algunos pueblos de España.

 

         En estos días en los que se celebra la Pasión y muerte de Jesucristo, existe una serie de pueblos del Bajo Aragón (y alguno de la Comunidad Valenciana como Alcora), que tienen una celebración un tanto peculiar.
          A las 12 horas de la mañana del Viernes Santo en Calanda (o las 12 de la noche del Jueves Santo en Híjar y otros pueblos), los participantes en el acto se arremolinan en las inmediaciones de la Plaza. Con el primer tañido de la campana, el invitado de honor (junto a la máxima autoridad del municipio) proceden a dar el primer golpe de una serie de ritmos que inundarán las calles de la localidad durante 24 horas.
          A este ritmo inaugural se une toda la población congregada. Los músicos se unen por cofradías o grupos de amigos y comienzan con un ritual que tiene su origen allá por el siglo XII (al menos en Calanda). Con este estruendo hay quien dice que se rememora el temblor de tierra que ocurrió a la muerte de Jesucristo, hay quien utiliza este sonido como señal de aviso ante el invasor. Sea como fuere lo cierto es que se crea un ambiente único, estremecedor e incomparable.
         En cualquiera de los pueblos que conforman la llamada Ruta del Tambor y el Bombo, se puede tener esta experiencia tan enriquecedora, tanto a nivel musical como antropológico. Resulta muy llamativo ver como, a los pocos minutos, los parches de ciertos tambores se encuentran tintados por la sangre que mana de los nudillos de los músicos que, supersticiones aparte, cumplen así con un ritual de promesas y peticiones.
     Si tenéis oportunidad de asistir a este espectáculo no os lo perdáis. Si resulta impresionante el momento de la “rompida” (nadie se puede adelantar so bronca generalizada de todos los presentes), resulta, bajo mi punto de vista, mucho más espectacular el momento en el que (24 horas después) todo el ritmo para de repente. Se crea un silencio que te llega a aturdir y los cofrades se despiden hasta el siguiente año en el que volverán a llenar las calles con su ritmo y estruendo.
      Aunque los vídeos no son capaces de resumir la sensación que se puede tener, os dejo una muestra de lo que estoy hablando.