Queen: The Show Much Go On

“I can fly, my friends”. ¿Podía volar? No. Pero sí estaba en los cierto: The show must go on. Sabía ya, se lo habían comunicado ya. Su vida había llegado a la puerta de salida… y grabó éste su último vídeo. “El Show Debe Continuar.”

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Shape of my heart

Cuando un compañero de banda, de Gordon Matthew Sumner, mencionó irónicamente que parecía una abeja y surgió el sobrenombre “Sting”(aguijón), no creo que se diera cuenta del presente que le estaba otorgando.

Hace 33 años que abandonó Newcastle en busca de una carrera musical en Londres. Fue en diciembre de 1976, manejando una atiborrada Citroën Dyane. Junto a él viajaban Frances, su primera mujer; Joseph, su primer hijo, recién nacido, y un perro. Poco podía sospechar en aquel entonces que viajaba rumbo a un éxito planetario junto a su banda, The Police.

Hay mucho más que un músico exitoso en él. No es el típico sapo que se convirtió en príncipe después de un golpe de suerte, su aspecto no se puede dejar de lado, pero hay un trabajo delicado y muy inspirado en cada una de sus creaciones.

Ha pasado mucha agua bajo el puente y hoy a los 58 años Sting recuerda sus fantasmas de Navidad como el viejo “Scrooge” de Dickens y le dedica un álbum a su estación preferida, el invierno. Vuelve a Newcastle, a sus raíces para lidiar con sus propios fantasmas, reconciliarse y poder seguir adelante, con otra perspectiva. Es en cierta forma también,“encontrar luz en el corazón de la oscuridad”.

Quiere poner orden, se prepara para el invierno de su vida sin respuestas a lo que viene después, como todos, aunque es más consciente de su mortalidad y se pregunta cómo hacer de su vida algo más significativo, en el tiempo que le queda.

Como tantos artistas valiosos más o menos conocidos o anónimos, su legado más allá de lo que puntualmente puedan realizar, está en tocar nuestro Ser, y despertarlo.

Tan sólo con una frase, o una melodía, llevarnos a un lugar que está más allá de lo cotidiano, de nuestras idas y venidas mentales y emocionales,en ese momento no hay nada más que esa buena canción.

Compartir por un momento su excepcional mundo interno, y reflejarlo para crear algo nuevo, nuestro particular sentir, la vivencia de cada uno, de ahí en más ya no les pertenece, y es mucho más de lo que un músico, conscientemente pueda aspirar.

Me parece una bonita forma de comenzar el año, compartiendo un pequeño fragmento del sutil y complejo mundo de Sting.

Shape of my heart, la forma de mi corazon:

Sting explora el invierno

Sting, en un concierto reciente, durante la gira con Police

Sting, en un concierto reciente, durante la gira con Police

Sting se define como «una persona de invierno» porque es, dice, «la estación de la imaginación y de los fantasmas», un momento «lleno de magia» y que parece estar perdiendo ahora su intensidad. Por eso ha explorado este periodo en un nuevo disco, ‘If on a winter night…’, que se publica la próxima semana.

«Los inviernos del siglo XXI parecen acabar apenas empiezan, las nevadas son raras y, cuando ocurren, duran poco», se lamenta Sting en las notas de presentación de este nuevo álbum, un trabajo que reúne desde nanas y canciones tradicionales, a poemas del siglo XVI y que tiene inspiraciones en el mundo clásico de Johann Sebastian Bach o Robert Schubert o en el folk de su Newcasttle natal.

Con este nuevo disco, que edita el sello Deutsche Grammophon, el ex The Police sigue acercándose al mundo clásico, un camino que ya tomara en 2006 con su último disco, ‘Songs from the Labyrinth’ (2006), en el que interpretaba música renacentista del compositor John Dowland (1563-1626) y que también le ha llevado a encarnar recientemente al compositor romántico Schumann en un DVD.

Ahora, Sting , de 58 años, ha querido llevar «la magia y el misterio» del invierno, su estación favorita, a esta nueva colección de canciones que ha grabado en una casa situada en una colina de la Toscana italiana, que ha sido su «hogar» y su «retiro» durante la última década y en la que ha vivido implacables inviernos.

Allí reunió en febrero pasado, para «celebrar y explorar la música del invierno», a siete «variopintos músicos»: Kathryn Tickell y Julian Sutton, dos músicos tradicionales de Newcastle; la harpista escocesa Mary Macmaster; el chelista Vincent Ségal, el trompetista libanés Ibrahim Maalouf, la violinista Daniel Hope y el guitarrista Dominic Miller.

«Hay algo del invierno que es fundamental, misterioso, completamente irreemplazable, algo a la vez deprimente y profundamente hermoso, algo esencial para este mito de nosotros mismos, para la historia de la humanidad», explica Sting . Es «como si de alguna forma necesitáramos la oscuridad de los meses de invierno para reponer nuestro espíritu interior, tanto como necesitamos la luz, la energía y la calidez del verano», agrega.

Algo que, en su opinión, parece estar en peligro: «el calentamiento global, si es lo que esta reduciendo nuestra anual estación de invierno, está probablemente tomando su peaje en la psique humana, tal y como parece estar alterando el ritmo de las estaciones en el planeta», apunta el cantante y compositor.

Por eso, ha querido atrapar en este disco el espíritu de una estación que en su niñez le permitía dibujar con la uña sobre los cristales cubiertos de hielo, le obligaba a vestirse «debajo de las sábanas» y a pasar largas horas de oscuridad junto al calor y los destellos de la estufa de carbón: «Allí era libre de imaginar espíritus inquietantes».

Canciones tradicionales como ‘Gabriel’s message’ o ‘Cherry tree carol’, junto a melodías de Henry Purcell convertidas en temas como ‘Cold Song’ o ‘Now winter comes slowly’; de Bach en ‘You only cross my mind’ o de Franz Schubert en ‘Hurdy gurdy man’, se unen a temas creados por Sting como ‘Lullaby for an anxious child’ y a cantos populares de Halloween como ‘Soul Cake’. Además de ‘The burning babe’, un poema del siglo XVI del jesuita inglés Robert Southwel.

Fuente: El Comerdio Digital

Elvis, el Rey del Rock


Las caderas más famosas del siglo XX, acaban de llegar a este mundo, toda una rebelión del cuerpo en un hombre que además posee el talento suficiente como para hacer converger el blues, el boggie voogie o el jazz en toda una revolución musical escrita con letras mayúsculas: El Rock and Roll.

El huracán Presley llega para escandalizar a la sociedad de la época con sus movimientos pélvicos, que llegan incluso a ser censurados y con su condenada música.Una estrella nacida para poner sobre la mesa parte de los quiebros generacionales más importantes que se han dado a la largo de los tiempos.

Muddy Waters dijo: “El rythm & blues tuvo un hijo, y lo llamaron Rock & Roll“.
A lo que
Elvis contestó: “Es difícil explicar lo que es el Rock & Roll. Es un ritmo que te atrapa, es un sentimiento”.

Un cantante blanco con corazón de negro, que vino para tallar una de las más bellas esculturas dentro del mundo de la música.

Y ahora sí,…nos despojamos de los cascos, descendemos lentamente las escaleras de nuestra máquina del tiempo… y observamos como sobre el escenario, un chico blanco, con tupé y brillantina, labios carnosos, ojos claros y guitarra en mano, ha comenzado a mover frenéticamente su pelvis, al ritmo de Hound Dog… y mientras su potente voz comienza a filtrarse por entre nuestros nervios auditivos, una manada de enloquecidas,vistiendo faldas recatadas, han comenzado a saltar y a gritar su nombre…


Aunque la elección es muy difícil y
Elvis Presley tiene un repertorio muy significativo, nos quedamos en esta ocasión con su HOUND DOG, todo un cinco estrellas y considerada como una de las mejores canciones de la historia.

…You ain’t nothin’ but a hound dog
Cryin’ all the time.
You ain’t nothin’ but a hound dog
Cryin’ all the time.
Well, you ain’t never caught a rabbit
And you ain’t no friend of mine…

Fuente:  Calados hasta los versos